Marketing en tiempos de crisis: Cuando ayudar importa menos que salir en Instagram

La solidaridad real del pueblo frente al oportunismo de marcas y agencias que fallaron al aplicar el marketing en tiempos de crisis.

El pasado 24 de junio de 2026, a las 6:04 de la tarde, el suelo se abrió en Venezuela. Dos terremotos consecutivos de gran magnitud sacudieron el país de una manera que todavía nos cuesta procesar y que puso a prueba la verdadera ética del marketing en tiempos de crisis. En cuestión de minutos, zonas icónicas como Los Palos Grandes y San Bernardino en Caracas sufrieron daños devastadores, y La Guaira quedó totalmente destruida.

Escribo esto hoy, prácticamente diez días después de la tragedia, mientras los equipos de rescate siguen sacando personas de los escombros. Lo escribo desde la distancia, aquí en Bogotá, con un nudo en la garganta y el corazón roto porque me tocó vivir la peor pesadilla del migrante: ver a tu país sufrir por la pantalla del celular, enterarte de que amigos tuyos murieron, de que la gente que amas la está pasando fatal, y sentir una impotencia que te quema el pecho.

Este desastre ha sacado lo mejor de nuestra gente.

La solidaridad de los venezolanos adentro y afuera ha sido increíble, mandando insumos y organizando ayuda. Países hermanos como El Salvador y Chile, junto con el trabajo incansable de los topos mexicanos y los rescatistas de México, el apoyo de la Cruz Roja, y la llegada de las brigadas de rescate de Bogotá y Medellín, se hicieron presentes de inmediato para meter las manos en la tierra.

Pero esta tragedia también sacó a la luz la peor cara de la miseria humana. Especialmente la de esas corporaciones y agencias que venden una empatía de mentira en sus redes sociales, pero que ante el dolor real demostraron no tener una pizca de sensibilidad ni de criterio básico.

El silencio y la burocracia: Muchas empresas hablan de marketing en tiempos de crisis, pero pocas entienden lo que realmente significa

Es muy fácil hacer campañas bonitas, hablarle a los millennials y a la generación Z con colores pasteles, memes y discursos de empatía cuando las cosas están bien. El verdadero marketing en tiempos de crisis se pone a prueba cuando la gente que te sostiene el negocio está bajo los escombros, no cuando estás en tu pico de facturación.

Durante los primeros días del desastre, el silencio de muchas grandes marcas venezolanas fue ensordecedor. Sus cuentas de Instagram y TikTok, que usualmente están activas todo el día publicando contenido para agradar al algoritmo, se quedaron congeladas. Sus agencias no supieron qué hacer. El pánico corporativo las paralizó.

Existen varios casos comentados en el sector y documentados en redes sociales donde se propuso de manera inmediata a grandes empresas utilizar sus canales de distribución y sus inventarios para entregar insumos de primera necesidad a las víctimas en La Guaira y Caracas.

La respuesta en muchos casos fue una excusa repetitiva: que había demasiada burocracia interna y procesos complejos para autorizar una acción de ese tamaño en caliente.

Coño, ¿en serio? ¿Tu gente se está quedando sin nada y te amparas en la burocracia para no mover un dedo?

SoyBalbo

El verdadero marketing en tiempos de crisis se demuestra con acciones de la marca sobre el terreno, dejando a un lado los manuales de procesos corporativos. Lo peor no fue el silencio administrativo, sino el oportunismo que vino después. Apenas un par de días después del sismo, circularon ideas en el entorno publicitario de salir corriendo a las zonas afectadas para documentar de forma estética la «ayuda» de las marcas, buscando construir una imagen de solidaridad antes que brindar ayuda real. Eso no se puede llamar marketing, es carroña corporativa.

Agencias y la «olimpiada del ego» sobre las ruinas

La conducta de algunas agencias de publicidad en medio de esto fue igual de cuestionable. En lugar de activar ayuda logística real o presionar a sus clientes para donar, la prioridad terminó siendo idear iniciativas de marketing vacías que solo buscaban figurar ante las marcas o colarse en algún festival creativo. Eso no tiene nada que ver con el marketing en tiempos de crisis, es oportunismo puro y duro.

LA ESCALA DE LA MISERIA EN CRISIS 
1. El Silencio Corporativo: "Demasiada burocracia interna para donar".
2. El Oportunismo Gráfico: Crear contenido estético sobre las ruinas a las pocas horas.
3. El Ego de Agencia: Diseñar ideas inútiles para ganar premios con el dolor ajeno.

¿Y qué pasó al quinto o sexto día? Cuando se dieron cuenta de que la presión social en internet era insoportable, ahí sí salieron a publicar sus flyers genéricos con un «Nuestros corazones están con Venezuela» diseñado a la carrera.

Un post de condolencia después de una semana de silencio no es solidaridad. Es control de daños.

El marketing en tiempos de crisis nunca ha consistido en hacer llorar a la gente con un comercial. Consiste en generar coherencia entre lo que una marca comunica y lo que hace cuando nadie la está obligando. La confianza no nace de una campaña bonita; nace de las decisiones que una empresa toma en sus peores momentos.

El influencer descalzo y la extorsión de la maquinaria pesada

Si lo de las marcas fue de terror, lo de los creadores de contenido rozó lo ridículo. Vimos al típico influencer descalzo yendo a las zonas afectadas a grabarse con cara de circunstancia para ganar likes, haciendo un show patético y estorbando a los rescatistas de verdad.

And del otro lado de la frontera, un influencer colombiano que decidió ganarse el desprecio de todos haciendo chistes xenófobos y grotescos sobre la tragedia, diciendo que «ahora había carne dentro de los escombros para que los venezolanos comieran». Un nivel de bajeza mental que te hace perder la fe en la humanidad.

Pero si hay algo que me revolvió las tripas y me llenó de una rabia profunda, fue conocer múltiples denuncias de ciudadanos asegurando que algunas empresas privadas con maquinaria pesada (como grúas, tractores y excavadoras que eran indispensables para levantar placas de concreto y salvar vidas) les estaban cobrando tarifas en dólares a familias desesperadas por mover los escombros y rescatar a sus seres queridos.

No soy quién para juzgar. No sé si existe un Dios que todo lo ve, la verdad. Pero de lo que sí estoy seguro es de que hay un lugar especial en el infierno para quienes decidieron mercantilizar la vida y cobrar por rescatar a un ser humano de la muerte. Algún día tendrán que pagarlo. Así de sencillo.

Honor a la resiliencia y a los que sí estuvieron

En medio de tanta podredumbre, este terremoto nos recordó quién es quién. No debemos olvidar a los aliados que mandaron a su gente a arriesgar la vida por nosotros, a los rescatistas de la Cruz Roja, a los civiles que compartieron lo poco que tenían, y a las poquísimas empresas que, calladas y sin buscar el aplauso fácil en redes, mandaron camiones de agua y comida donde de verdad hacía falta.

La psicología del consumidor explica muy bien lo que ocurre después de una tragedia: cuando pasa el impacto emocional, las personas de inmediato empiezan a analizar si una marca actuó por solidaridad genuina o por pura conveniencia. Ahí es donde la confianza se quiebra de por vida, afectando de manera directa el comportamiento de compra de tu consumidor.

Este artículo es mi manera de desahogarme ante tanta injusticia.

Para mí es, sobre todo, un homenaje a la resiliencia de mi gente. Al venezolano que, a pesar de tener el agua al cuello, siempre encuentra la fuerza para estirar la mano y levantar al otro.

Le deseo una fuerza infinita a cada familia afectada, a cada persona que hoy llora una pérdida.

Este texto va dedicado con todo mi amor a mi país, a su gente, y especialmente a la memoria de Aura Serrano y Félix Urbano, dos almas espectaculares que perdieron la vida en este desastre. Su partida duele en el alma, pero su recuerdo nos obliga a seguir adelante, a no callarnos ante la hipocresía y a seguir construyendo con la verdad.

Si algo dejó este terremoto es una lección para cualquier empresa: las personas olvidarán un anuncio, pero no olvidarán cómo actuaste cuando ellas más te necesitaban.

Las crisis no destruyen la reputación de una marca; simplemente revelan la reputación que ya tenía.

Fuerza, Venezuela. Volveremos a levantarnos.

Nota del autor: Este artículo es una columna de opinión de carácter analítico y reflexivo. Las valoraciones, críticas y anécedotas aquí expuestas corresponden exclusivamente a la perspectiva del autor y a denuncias públicas, testimonios e informaciones ampliamente compartidas por el sector publicitario y la ciudadanía tras el sismo de junio de 2026. Su propósito es promover la discusión ética sobre la práctica del marketing en situaciones de emergencia nacional y no representa afirmaciones fácticas sobre marcas o instituciones específicas.*

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